miércoles, 21 de octubre de 2020

AMIGOS, CONTRA MENOS, MEJOR

 

Yo soy amigo de todo el que se precie, pero si yo atiendo correctamente a una persona, no puedo por más que aquella me atienda, de la misma manera a mí.

Todo esto viene al caso, de una experiencia desagradable, que he tenido hoy con cierta persona, que, hablando claramente, me ha dado una puñalada trapera, por la espalda.

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Yo lo consideraba como amigo íntimo mío y tras hablar sinceramente con él, me ha dado la espalda de la forma más repugnante, que se puede dar a una persona.

Por eso digo y repito, que amigos, contra menos, mejor, porque cuando menos te lo esperas, te dejan tirado en la cuneta, como quien abandona a un perro.

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Los amigos, que lo son, se precian por hacerse mutuamente favores, se alegran de verse, hablan de corazón, pero de esos hay muy pocos y están muy contaditos.

Que si yo saludo, por ejemplo, a una persona asiduamente, no puedo por menos, que susodicha persona, me devuelva el saludo y que no vuelva la cara para otro lado.

Me sale del corazón, si yo tengo un amigo es para lo bueno y para lo malo, no solo para saludarle como a un desconocido y si te vi, no me acuerdo.

JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

LA ALEGRÍA

 

Es un don que tenemos las personas. También algunos animales, como el perro, se ríen. Cuando estamos alegres surge la risa, (bien sonrisa o bien a carcajadas).

Si ocurre esto es que las cosas nos van bien. En este estado, somos más simpáticos, más dialogantes con la gente y es señal de que somos felices, llenos, pletóricos. Si los días se nos hacen cortos es señal de alegría.

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Hay personas que son más alegres que otras, les sale de dentro, incluso ante las adversidades.

Las mujeres, por lo general, son más alegres que los hombres. Los hombres llevamos esos sentimientos por dentro. Nos da vergüenza, por ejemplo, que nos vean llorar.

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Ellas son más sentimentales, demuestran su estado de ánimo con más facilidad, ya sea la risa o el llanto.

Cuando una persona se ríe mucho, se dice que es más alegre que unas castañuelas. Curiosa comparación.

Hay personas más alegres que otras, les sale del alma, no lo pueden disimular, al igual que no se puede fingir la tristeza. Son sentimientos del corazón.

Por último, decir que reir es señal de salud y bienestar física y síquica.

JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

HOY DOMINGO

Quedé con un antiguo amigo y compañero de la Asociación, para ir a comer juntos a las 14:00 horas y a las 11:30 horas, ya me estaba llamando para que me fuese ya.

Yo le dije que no, que a las 14:00 horas tal y como habíamos quedado, que yo estaba acostado a aquella hora y que me tenía que duchar y afeitar. A él no le pareció muy bien, pero aceptó.

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Me preparé y a la hora acordada estaba en el restaurante. Llegué, lo saludé y me dijo que él tenía hambre y que había comido ya. Digo bien, acompáñame a comer yo, por lo menos.

Mientras comía, estuvimos hablando de nuestras cosas y de lo que comía yo y había comido él. Me comentó que yo me cuidaba, que comía sano.

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Yo comí, de primero porra, de segundo, pescado con ensalada y de postre, melón. Me dijo que él había comido paella, boquerones con patatas fritas y arroz con leche, de postre.

A pesar del incidente, lo pasamos bien y tras comer, nos fuimos a tomar un descafeinado con leche cada uno. Lo invité yo y él dio tabaco.

Después lo acompañé a la parada del autobús de su barrio, donde nos despedimos hasta la próxima, que sea pronto y que no coma antes de que llegue yo.

JOSÉ ANTONIO MÉRIDA. 

SI NO FUESE POR PLACER

Pocos hombres serían los que se acercasen a una mujer. Porque los hombres lo que buscamos en la mujer, es sexo puro y duro y nada más, aparte que alguno busque también cariño.

Nos gusta casi todo de la mujer, sus curvas (piernas, glúteos, barriguita, sus pechos, su carita fina, sus labios y todo lo que es agradable a nuestros ojos, de hombres machotes.

Nos gusta todo eso, porque es agradable a nuestra vista y es tiernecito y produce placer acariciarlo y besarlo.

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Nos gusta menos el ano, porque si no se lava mucho, huele mal. Si nos gusta su vagina, que está cerca de aquel, porque en ella introducimos nuestro pene, consumando el acto sexual, el orgasmo, que en las mujeres se puede repetir.

Lo que no nos gusta tanto, es lo que viene después: el bebé. Mantenerlo, criarlo y aguantarlo cundo llora, cuando hay que cambiarle los pañales y esas cosas.

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Nos gusta todo de la mujer, porque está tierno: sus pechos (ya sean pequeños medianos o grandes), sus glúteos, sus labios, su barriguita, pero todo esto mientras es jóven y guapa, pero cuando pare y se pone fea y vieja, ya no la queremos tanto.

Si no fuese por el sexto sentido de la mujer, la torearíamos, nos aprovecharíamos de ella y cuando nos hartemos, la mandaríamos a freir espárragos, literalmente hablando.

La mujer busca un HOMBRE, no un sexo.

JOSÉ ANTONIO MÉRIDA. 

UN NIÑO DIFERENTE

 

Nació en la campiña española, si bien sus padres pronto lo llevarían a la ciudad. Era buen estudiante y sus profesores estaban contentos con él.

Era normal físicamente, pero su forma de pensar, era distinta a la de los demás niños de su edad. No por eso se lo tenía creído, si no, al contrario, era sencillo, modesto, humilde, odiaba meterse en disputas y sobre todo, amaba la verdad.

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En la escuela, los demás niños se burlaban de él, porque se creían mejores. Seguramente no tendrían otra cosa mejor que hacer: estudiar, jugar y dejar el mundo correr.

Vivía su vida con sus amigos, padres, y vecinos. Era trabajador, entendido e inteligente, pero como todos los niños, un poco rebelde.

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Creció y sus amigos seguían burlándose de él, porque no comprendían los sentimientos de una persona que iba a lo suyo, no ofendía a nadie.

Su afán, desde niño, era mejorar el mundo, echar una mano en este menester, que comparte con muchas personas hoy en día: voluntarios, Asociaciones humanitarias, O.N.G. etc, etc.

Si lo ves y hablas con tal persona, comprenderás que ese antiguo niño es una persona de lo más normal.

JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

LOS PÁJAROS CANTORES

 Los pájaros cantan todos, o emiten un ruido, graznido, o hablan, como el loro o la cacatúa. Pero yo me vengo a referir a los que su canto, es agradable al oído humano.

En España los más conocidos son: el canario, el jilguero, el verdón, la perdiz, el ruiseñor…

Es una lástima tenerlos metidos en una jaula, pero si queremos oírlos y ver su bonito colorido, no tenemos más remedio. Ya que están prisioneros, debemos cuidar que no les falte comida, agua y lechuga u otra verdura o yerba que les guste.

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La mayoría comen alpiste compuesto, pero la perdiz come cañamones y trigo, los de la familia de los loros, comen pipas de girasol.

Debemos limpiarle la jaula y hay algunos que les gusta bañarse, por lo que les pondremos un recipiente donde puedan darse un remojón.

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Yo he tenido algún pájaro cantor, pero ahora prefiero que estén en el campo y allí verlos revolotear y oírlos cantar. Alguno como el ruiseñor o la golondrina, no se les puede tener en jaula, porque se mueren de pena.

A través del canto, los pájaros se comunican entre ellos, se avisan cuando están en peligro y se entienden cuando llega el tiempo del apareamiento.

 

JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

CHAPUCERO

 

En todas las casas debería haber un chapucero, que arregle los pequeños desperfectos que, de vez en cuando, surgen en todos los hogares.

En mi casa, por falta de uno, habemos dos. Mi hermano menor y yo. Él le arma a la albañilería y a la pintura de brocha gorda. Yo, por mi parte, a pequeños desperfectos que siempre hay en cada casa, como son: un grifo que gotea, la cisterna que pierde agua, cambiar un grifo, un enchufe que no va…

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Para ello se ha de disponer de herramientas adecuadas, si no, no se hace nada y yo y mi hermano tenemos, cada uno, de las que son apropiadas, para los trabajos a realizar.

Hoy, por mi parte, le ha tocado el turno al calentador de agua, que estaba medio suelto y perdía gas. Me puse manos a la obra y con un poco de pericia, todo ha quedado en casi perfectas condiciones.

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Por su parte, mi hermano es albañil y pintor y cuando hace falta hacer algún trabajillo, de estos oficios, se le da muy bien y es rápido y eficaz.

Si para estos pequeños desperfectos, se avisa a un profesional, vale caro y no deja el trabajo en tan buenas condiciones, como si lo hace uno de casa.

 

JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.