lunes, 22 de abril de 2019

HACE TIEMPO


Que vengo buscando la felicidad y no la encuentro por ninguna parte. Será que la busco donde no está y me esquiva cuando voy a aparecer. Será que no doy una en el clavo.
Resulta que yo deseo que venga a mí, pero ella va por otro sendero, que no es el que yo tomo. Hace tiempo que no soy feliz. Quizá es que no hago lo que debiera.
La felicidad está dentro de cada persona y se manifiesta en el caminar de esta. Si no es feliz por algo ha de ser.
Yo busco el camino que me lleve a una vida mejor, menos rencorosa, más moralista, menos envidiosa, más dadivosa, con menos espinas y más flores. En definitiva, más realista, menos buscadora de rencillas y con más amor en sus entrañas.
Pero no la encuentro, por más que busco y es que este mundo tiene dos pares de costales. Cuando menos te lo esperas te la dan, por delante y por detrás y no te das ni cuenta que te la están dando con queso, cuando lo que yo busco es amor, solo amor.
Hace tiempo que cuando cuento cosas inenarrables, para todo el público que las quiera leer, pero parece que no llega lo suficiente a las personas, que yo trato de aconsejar, o que no soy lo suficiente elocuente para llegar al corazón de dichas personas.
Hace tiempo, mucho tiempo que me dedico exclusivamente a velar por los que posiblemente, puedan necesitar un buen consejo.
No soy yo mayor que tú, pero tengo mucha vida vivida y en circunstancias muy desagradables como para no saber mucho de este tiempo. Tiempo de dichas y desdichas para la gente de este mundo, que mira con recelo lo que pasa a su alrededor.
Cuento historias del mundo y de sus gentes, de sus cosas, de sus problemas, de sus ires y devenires, todo con la misma idea: llegar al corazón de mis lectores y ablandárselo.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

sábado, 20 de abril de 2019

VER CLARO


Ver claro no es lavarse la cara por la mañana o limpiar las lentes de las gafas. Ver claro es ver las cosas como son y no como nos las pintan las gentes por las calles, que es una escuela para niños de treinta o cuarenta años.
Ver claro es andar pisando fuerte, sin resbalar ni tropezar por todos los caminos habidos y por haber, sin dudar, sin miedo a caerse, con pies de plomo que aplastan cualquier mal bicho, que se cruza en nuestro seguro caminar.
Los niños ven claro su sendero a donde se dirigen, porque no hay en sus ojos maldad y todo es amor en su mirada de pequeño matón contra el maligno, que no está en sus mentes.
Claro que si, que tú puedes ser como esos pequeñajos que se cruzan por la calle, con desdén y no les importan nuestros prejuicios, ni nuestra maldad de mayores, que anida en nuestro corazón y lo hace malo, malvado y poco humano.
Ver claro no es hacer lo que hacen en las películas, donde el bueno siempre gana al malo de aspecto terrorífico. No es ver una novela en la que el protagonista seduce a la dama con artes diabólicas y la lleva a su campo, de forma cruel y diabólica para hacerla su esposa.
Ver claro no es pasearse con un maletín lleno de papeles, que solo piden dinero a sus clientes, que acobardados se lo dan, porque no les queda otro remedio, ya que es el cobrador de impuestos, del gas, de la electricidad o de mil cosas que se deben en un hogar cualquiera.
Ver claro es ver la vida de una forma positiva, sin rencillas, sin miedo, con una sonrisa en los labios, con ganas de trabajar, de luchar contra el mal, que no es otra cosa que el odio que anida en los corazones de las personas malas.
Ver claro es levantarse por las mañanas con ganas de hacer cosas por la familia y por los amigos, sin descanso (nada más que lo preciso) y ayudar a los más desvalidos.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

viernes, 19 de abril de 2019

EL DESTINO


Es algo que no podemos controlar. Cada uno tenemos el nuestro y nos tenemos que amoldar a él. A veces puede ser bueno, a veces cruel y a veces normalito. El caso es que nos tenemos que ceñir al él y acomodarnos como mejor podamos.
La buena o la mala suerte de la persona está escrita y nadie puede cambiarla. Es un juego en el que poco o nada podemos hacer. El destino viene dado por el comportamiento de la persona. Si esta es dócil y tratable, el destino se porta mejor con ella. En cambio si es errante e introvertida, mala tiene su suerte.
“Yo tengo que cambiar mi destino”, pues cambia antes tu personalidad, tu forma de tratar a las personas que te rodean, verás que cambia tu suerte. Un día u otro mejorará tu porvenir y serás agraciado con los bienes del destino.
El amor al prójimo y a si mismo son las bases de la buena suerte, que vendrá a ti sin llamarla, por su propio pie y sin moverte de tu sitio. Solo se trata de estar firme en tu puesto y dispuesto a lo que sea por mejorar tu vida.
La buena persona es el guía del destino de las gentes, la que guía el porvenir de cada persona hacia el bien o hacia el mal.
No te dejes llevar por malos augurios, que tu destino está echado y si cambia que sea para bien.
Nadie puede predecir su futuro, este viene dado por las circunstancias de la vida que hayas llevado y la que hayan llevado tus antepasados, que hacen que tengas una suerte envidiable y un camino de pétalos de rosa, sobre los que caminarán tus pies grácilmente. Que tu vida sea un rosal sin espinas, al que cuidarás con esmero, para que sea arte a la vista de tus hermanos, mayores y menores.
Se tú mismo el que dirige tu vida, con arte de buena persona, que no se queja de los males que le puedan sobrevenir.
Hombre se un caballero, mujer se una señora.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

miércoles, 17 de abril de 2019

PAZ INTERIOR


Es un bien que solo tienen aquellas personas que actúan acorde a sus sentimientos. Si sienten que tienen que hacer una cosa, la hacen sin desdén.
No les pesa ayudar a un prójimo necesitado, aunque la ayuda que le den sea para alcohol, tabaco o drogas. Se la dan y no les importa en qué se la gasten.
Van por la vida derrochando alegría, porque aunque no lo parezca, la hay y está al alcance de cualquier persona, que vive feliz su fugaz vida, que es dichosa, pese a quien pese.
La vida es bonita por donde quiera que la mires. No importa los tabúes o malos sentimientos de las gentes que no tienen corazón, porque el mal se lo ha robado.
Se sienten contentas consigo mismas, porque actúan de buena fe y no hacen caso de malos augurios, que a ningún sitio llevan. No les importa el qué dirán porque no son pájaros de mal agüero.
Caminan con paso firme y por senderos de la vida, que es única y amigable para el que tiene paz en su corazón, que ya van quedando pocos, porque el mundo es un lobo, que se come a los corderitos que tropiezan y caen heridos.
El interior de una persona es un tabú, que nadie sabe descifrar, porque los sentimientos son cosas personales y nadie es capaz de decir el porqué de la forma de actuar de una persona dada.
Si se siente feliz o no, es cosa suya. Nadie sabe porqué actúa de una forma u otra. Es cuestión personal e intransferible el sentimiento de cualquier hombre o mujer.
Solo los niños saben lo que es la paz interior, porque no se preocupan de los problemas de los mayores, llenos de miedo y malos sentimientos, que mancillan el pensar del ser humano hasta destruirlo.
El amor es el mejor aliado de las personas, porque hacen que se sientan dichosas.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

martes, 16 de abril de 2019

COMO OVEJAS SIN PASTOR


Se quedaron un grupo de hombres y mujeres que no tenían capacidad para arreglárselas por si solas. Para ello, en su día se creó una comunidad regentada por un hombre de bien, que les cuidaba, daba de comer y ayudaba en sus tareas, que eran trabajos manuales, informática y ocio en general.
Llegó un día, que por falta de medios económicos, mandaron a estos hombres y mujeres a una casa alejada y sin el buen hombre que los cuidaba.
Estas personas no querían estar solas. En lugar del hombre que los cuidaba, dejaron a dos o tres de los más despabilados a cargo de aquello que se suponía su hogar.
Para convencerlos les dijeron que allí estarían mejor, administrándose ellos mismos. Para ello les dieron un poco de dinero, para contentarlos, pero ellos no eran tontos. Les habían dado gato por liebre.
Cada cual cogió el camino que pudo, pero por el hogar no iban para nada. Era pequeño, con malos apaños y sobre todo les faltaba el pastor, que los guiase cuando se encontraran perdidos.
Los engañaron como a memos, creyéndose ellos mismo que saldrían adelante, que eran capaces, pero no lo eran. Estos pequeños necesitaban a alguien que los cuidase y se encargara de administrar el dinero.
Andaban como ovejas descarriadas y ninguno estaba conforme con el nuevo hogar, que les habían buscado.
Nadie iba por allí, algunos se ponían muy bien puestos, diciendo que eran autónomos, pero a la hora de la verdad, nadie estaba dispuesto a hacer nada por la casa ni por los compañeros.
Algunos de ellos eran tercos y seguían insistiendo en que solos estaban mejor.
Pero: ¿dónde estaban mejor? En un mundo que no les quería por su debilidad. Descarriados por esas calles mundanas que no se hacían cargo de ellos.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.  

lunes, 15 de abril de 2019

EL FUTURO


Nadie lo conoce con certeza, pero por las cosas que van ocurriendo se puede adivinar, más o menos lo que nos va a deparar. Nadie es adivino, pero sobre todo los ancianos vienen a predecir lo que ocurrirá en un futuro próximo, por intuición.
Sería fantástico saber lo que va a ocurrir mañana, porque de esta forma podríamos anticiparnos a los acontecimientos y no cometer fallos, que tenemos todos por no saber lo que se nos aproxima.
Es normal que no sepamos lo que va a ocurrir. Nadie predice el futuro de una forma certera. El mundo no sería el mismo, porque sabríamos lo que vamos a encontrar detrás de la esquina.
Hay gentes que echan las cartas y te dicen lo que va a ocurrir en un futuro próximo, pero estos adivinos no son otra cosa que brujos que te dicen lo que tú tienes en la mente, en la que entran por artes no fiables. Son poco o nada en el mundo de la adivinanza.
Es muy bonito decir pues el tiempo que se avecina va a ser malo o de bonanza, pero quién sabe eso, nadie.
A corto plazo y cualquier persona que lo piense bien, se pueden predecir algunos acontecimientos como, si no llueve, tendremos sequía, si llueve mucho, el año será de bienes y cosas así.
A largo tiempo, nadie sabe lo que va a ocurrir. Puede decir una persona lo que quiera, que lo más seguro es que no tenga razón. Ni los meteorólogos saben son precisión lo que ocurrirá el año que viene.
El futuro es incierto, nadie tiene razones para decir lo que la vida nos va a deparar. Le quitaríamos el puesto a Dios y sus Ángeles, que ellos si saben con certeza lo que ocurrirá mañana, pasado mañana y siempre.
Todos deseamos que el futuro sea mejor mañana y ahí si que podemos hacer algo por que cambie, con nuestro comportamiento. Ayudando a los demás, construiremos un mundo mejor, más humano, más agradable, más certero.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

sábado, 13 de abril de 2019

QUIEN TIENE


Un amigo tiene un verdadero tesoro de incalculable valor. Esta mañana y como todos los domingos, me fuÍ a desayunar con mi amigo Pepe. Le dije que andaba corto de dinero y le faltó tiempo para decirme que si no era mucho, él me lo prestaba. Pero yo le contesté que ya lo había arreglado de otra forma felizmente.
Y eso que para prestar dinero somos un poco reacios, pues no lo dudó diciéndome que si estaba en su mano, me lo dejaba.
Para este como para otros favores, un amigo está siempre dispuesto a ayudarte. Por ejemplo, el día veinte tengo que hacerme una prueba médica y resulta que es a las nueve y cuarto de la noche. Pues bien, no tuve más que decírselo y se ofreció a ir conmigo, pues no hay nadie que pueda acompañarme.
Estos gestos no los hace un cualquiera, tiene que ser un amigo de verdad. Él no puso pegas, se ofreció a acompañarme sin más. Yo le agradezco de corazón que se haya brindado tan graciosamente a acompañarme, porque es una prueba de importancia para mí.
Tesoros como Pepe tengo yo pocos, o casi el único, porque él tiene su vida, que se ve interrumpida por mi necesidad. Antonio también está ahí para cuando haga falta algo, pero a Pepe lo veo todos los domingos y a Antonio, no.
Hay que ser agradecidos y devolver los favores a estas personas. Yo le he prometido que, después de la prueba, lo invitaré a lo que quiera tomarse. Es grande el esfuerzo de ir desde su casa hasta el hospital Carlos Haya, esperar cerca de una hora y luego venirnos.
Por eso te pido que si tienes un tesoro, que lo cuides con esmero y que le devuelvas los favores, que hay pocos como Pepe.
Pepe es desenfadado, le gustan las bromas y es agradecido a más no poder. Por estas y otras cosas yo lo quiero como se quiere a un hermano, que es lo que para mi representa.
Que no falten los amigos como Pepe y Antonio nunca.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.