jueves, 17 de enero de 2019

LA TIERRA


La tierra es la casa de todos, por lo que debemos mirar por ella. Si en nuestro hogar procuramos no ensuciar, porque luego hay que limpiarlo, igual debemos hacer con la casa de todos, en especial para que las generaciones venideras la encuentren habitable.
La contaminación atmosférica es uno de los peores enemigos de nuestro planeta. El mundo evoluciona, pero se pueden hacer cosas para que no se contamine tanto: usar el transporte público, reciclar, no ensuciar las calles, proteger los bosques y crear nuevos, usar solo las cosas que necesitamos, usar energías limpias y renovables…
La tierra pone a nuestro alcance muchas cosas, pero no podemos tenerlas todas. Cada persona debe apañarse con lo mínimo, que somos más de 7000 millones de personas y todos tenemos que vivir.
El planeta nos lo da todo: de comer, de vestir, de calzar, energía para viajar, medicinas para curarnos. En fin que es totalmente habitable y no hay otro igual ni parecido. Ojo que yo no estoy en contra de que se busque en el espacio lo que pudiera haber, pero aprovechemos lo que tenemos aquí, que es mucho y bueno.
Para los creyentes, de ella fimos criados y del hombre fue sacada la mujer, compañera nuestra y que debemos cuidar como un tesoro. No es más el hombre que la mujer y al contrario.
El 70% de la tierra es agua, al igual que el hombre. Tenemos donde hidratarnos y la lluvia bendice nuestros campos y a nuestros animales, de los que también nos alimentamos. Las plantas son también seres vivos y debemos cuidarlas, porque de su fruto comemos y respiramos el aire que producen en la fotosíntesis. De la tierra sale todo lo que necesitamos para vivir. El cuidarla es cuidarnos a nosotros mismos, que eso si nos gusta, pero al planeta le tenemos un poco descuidado con la emisión de gases contaminantes y echar al mar lo que no nos sirve.
Sin embargo el pescado si que nos gusta y bañarnos en las playas y que estén limpias.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

miércoles, 16 de enero de 2019

EL PEQUEÑO JULEN


José, su padre lleva desde el domingo sin dormir, prácticamente con la misma ropa, pasando la noche en el coche junto a su mujer, Vicky, cerca del agujero donde cayó en un día de campo en pueblo de Totalán, en Málaga. “¿Dónde voy a estar si no?” Asegura que aún está lejos de él. El padre está roto de dolor, como la madre.
Son varios los motivos que han hecho romper el silencio. Lo hacen para reclamar más ayuda en la búsqueda desesperada del pequeño, que cayó por un agujero tan pequeño, cosa que no se ha dado en España y en el mundo, por el diámetro del pozo que cayó.
Asegura su padre que su hijo está ahí. Ya quisiera yo que no estuviese aquí el pozo. Quisiera ser yo el que estuviese enterrado ahí, en el pozo y él estuviese con su madre.
Habíamos ido a pasar un día de campo en una parcela, donde iban a realizar obras por parte de un familiar. Estaban ellos con su mujer el niño y el padre. También estaba la hija del matrimonio que tiene dos años y medio:
Escucharon de llorar al niño al que tranquilizaron diciéndole que papá y el hermanito le iban a ayudar.
Quitaron unas piedras que había cerca del pozo, donde vieron como caía el niño con los brazos en alto, para que no cayesen al pozo.
El padre lo quería tranquilizar diciéndole que él estaba allí y el hermanito Oliver también (fallecido en 2015, a los tres años de edad tras una muerte súbita).
El niño cayó al pozo por un agujero de apenas quince centímetros, lo que hace más difícil si cabe la búsqueda del pequeño.
Los padres están desesperados en la búsqueda del pequeño Julen, con el corazón roto en pedazos.
Soy un buen padre, asegura José. He vivido para mis hijos, buscándome la vida para comprarle lo que yo no he tenido (juguetes y buena ropita)
Esperemos que la búsqueda no sea infructuosa y que salven a Julen.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

martes, 15 de enero de 2019

TENER COCHE O MOTO


Es una gran comodidad para el que lo tiene, pero si es para usarlo solo en la ciudad, no le merece la pena, salvo que lo necesite para su trabajo o para desplazarse allá donde no llega el autobús.
No es solo comprarlo, sino mantenerlo: el seguro, la gasolina, hay que cambiarle el aceite, los filtros, las luces, que si das un roce y tienes que arreglarlo, los frenos, el disco de embrague, la correa de la distribución, que si se pincha una rueda, la inspección técnica de vehículos…
Si no tienes que salir de la ciudad, más te vale ir en autobús, ahorrarás en dinero, en problemas y llegarás igual, sin tener que aparcar, que ya es difícil. A todos nos gusta la comodidad y como más cómodo es tener coche o moto. Puedes salir en cualquier momento y dirección.
Lo que si está claro es que resulta más caro y problemático. Cada cual elige según sus posibilidades y necesidad lo que mejor le conviene. Si es una moto, al menos, no tiene grandes problemas para aparcar.
Yo hace años que dejé de conducir, por mi enfermedad y estoy el doble de tranquilo que cuando tenía auto. Voy a todos los sitios andando o en autobús y llego bien. Claro está que yo no tengo que trabajar. En mi caso, los grandes perjudicados son mis padres, que cuando tienen que ir a algún sitio, no cuentan con el coche que los deje en la puerta del médico o de casa de algunos de mis hermanos, por ejemplo.
Para una familia pobre resulta muy caro el mantener un coche. No le vale la pena tanto gasto. Si se pueden apañar, yo les aconsejo que prescindan de él. A la larga se hallarán agradecidos.
Si se mira desde el punto de contaminar, es mucho más contaminante el transporte privado que el público. El Gobierno está poniendo medidas para que los coches que contaminan más no puedan circular. Al ir a pasar la revisión, cada vez será más dura.
Dejemos los coches para los señoritos, que ellos si se lo pueden permitir, y vayamos nosotros en autobús. Para una necesidad muy grande, siempre se puede coger un taxi.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA

lunes, 14 de enero de 2019

LOS REGALOS DE REYES


Deberían ser solo para los niños, pero se ha convertido en una costumbre y, claro, a los mayores nos gustan también, pero  como está la economía, no nos lo podemos permitir.
Está claro que a nadie le amarga un dulce, pero los mayores nos debíamos contentar con hacerlos y ver disfrutar a los pequeños con sus juguetes. Los niños esperan con paciencia a que lleguen estas fechas para recibir sus regalos. Les hace ilusión y los más pequeños creen que los traen los reyes magos de oriente coincidiendo con el nacimiento del niño Jesús en Belén de Judá, hace muchos años ya.
Procuramos que a todos los niños no les falte su juguete, que para los que tienen cinco o seis años, debe ser educativo: rotuladores y libros para colorear, juegos educativos, libros…así disfrutan y aprenden jugando y les sirve como complemento del colegio.
Si se lo puede uno permitir, se les regala un balón, una bicicleta o una muñeca para las niñas…
Hay, en el mundo, muchos niños que no tienen juguetes y es una lástima. Ellos se conformarían con tener para comer, vestir y calzar, un techo y una cama para descansar.
Todos tenemos derecho a unas necesidades mínimas, pero con la política de la globalización que hay en el mundo, una minoría tenemos la mayor parte de las riquezas y la mayoría viven pobres, sin las cosas esenciales.
Volviendo a los regalos, aquí priva el si tú me regalas yo te regalo y eso no debe ser así. Si se hace un regalo no es para recibir algo a cambio, es porque sale de dentro y nos lo podemos permitir.
El mejor regalo es la amistad, el cariño, el llevarse bien, ayudando a los necesitados con el corazón en la mano.
Regala cosas prácticas, que le sirvan a quien se les regalan y que no tenga que arrinconarlas en el desván.
Que tengas mucha suerte y te hayan regalado muchas cosas.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

sábado, 12 de enero de 2019

GENTE MENUDA


Me vengo a referir a los niños. No me canso de escribir de ellos, tan sencillos, tan sinceros, tan alegres, son felices con nada, con un juguete, con unos zapatos nuevos. Viven en un mundo distinto al de los mayores. No tienen problemas. Son un dulce.
Por desgracia, en España cada vez nacen menos bebés. La población envejece. Las mujeres tienen que trabajar fuera para llevar el tren de vida que tenemos y no se pueden ocupar de tres o cuatro niñ@s.
Se es más feliz con hijos, porque ellos hacen que no nos aburramos, nos tienen entretenidos con sus cosas, sus juguetes, con tener que cuidarlos y llevarlos al colegio. Teniendo varios hijos se gasta poco más que teniendo uno o dos, porque la ropita de los mayores sirve a los más pequeños, cuando estos van creciendo.
Los padres se sienten orgullosos de los niños que están criando. Tienen gastos de comida, libros para el colegio, zapatos…pero todo eso nos lo devuelven en felicidad, en cariño y en formar una familia fuerte y unida, para cuando sean grandes aportar a casa el fruto de su trabajos. Si estudian, mejor que mejor, serán hombres y mujeres de provecho.
Todos hemos sido niños y ahora que somos grandes recordamos con añoranza nuestra niñez. Nuestros padres no nos podían comprar apenas juguetes, pero éramos felices, más que lo son ahora que los llevan a la guardería con dos añitos. Eso no es vida para ellos. Como el cariño de los padres no hay nada. Ojo que yo no recrimino a la mujer porque trabaje. También puede cuidarlos el padre si este es su caso.
La mujer trabajadora en casa debería tener una paguita para ayudar a su marido a cuidar esos hijos, que tanta alegría nos dan. La vida ha cambiado mucho y la mujer tiene que trabajar fuera, con lo que los hijos quedan desatendidos social y moralmente.
Anímate a tener hijos, que más tarde o más temprano esos pequeñajos vienen con un pan bajo el brazo.
Mi ilusión fuera sido tener cuatro o cinco hijos.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

viernes, 11 de enero de 2019

LA DESIDIA


Es la dejadez que tenemos, no para nosotros mismos, sino para nuestros semejantes, nos hace malos e infelices. Solo pensamos en tener más y más y los que no tienen, que se apañen como puedan.
Eso no debería ser así, todos tenemos derecho a vivir dignamente. Mucho más en estas fechas de Navidad, que celebramos la venida de Jesús al mundo a poner un poco de arreglo. Él nos dejó en nuestras manos la forma de poner un poco de entendimiento y cariño para los más pobres. Es muy sencillo: en lugar de tener siete pares de zapatos, tener tres y lo que sobra dárselo al que anda descalzo.
Se trata también de no pedir más sueldo, si con lo que tenemos nos apañamos, tenemos para comer, beber, vestir y un techo que nos cobija. Además tenemos coche y moto y disfrutamos de vacaciones pagadas.
Hay muchas personas que no tienen trabajo y subiendo los sueldos, menos tendrán. Debemos mirar un poco a nuestro alrededor. Los inmigrantes vienen con lo puesto. Necesitan trabajar y ganarse el sustento, una vivienda, un seguro médico para cuando enfermen y todos los bienes que nosotros disfrutamos.
Si se suben los sueldos, menos cabida tendrán estas personas en nuestra sociedad. Tendrán que trabajar precariamente, en los puestos más malos, sin seguro y pasando calamidades.
En nuestra sociedad hay quien no tiene para comer. Acércate a uno de ellos y dales una limosna, te lo agradecerá en el alma y te dará las gracias de corazón. Que ellos tengan un poco también para celebrar estas fiestas entrañables.
Es muy sencillo, dale un cigarro a ese pobre que te lo pide, invítalo a compartir contigo un cafelito que le quite el frío.
Dios está en el Cielo, ve todas estas cosas y te lo agradecerá con felicidad para ti y los tuyos. Sé caritativo, que ganarás mucho más que si no sueltas un euro.
Todo el año sigue la misma pauta, te hallarás agradecido.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

jueves, 10 de enero de 2019

EL ÚLTIMO CREYENTE

Se habla mucho de religión, sobre todo en el ambiente de las parroquias, pero quién hace lo que el párroco dice. Prácticamente nadie. Van a misa a cumplir con su ansiedad del alma.
Había una vez un chico que en verdad trataba de hacer lo que su Padre quería, el bien sin mirar a quien. Esto es difícil en una sociedad como la nuestra, que busca solo el bien personal. Este chico procuraba portarse bien con sus conciudadanos, por bien propio y de la gente que lo veía, que trataban de imitarle, pero no lo conseguían porque no tenían motivación en sus adentros.
Este chico era un don nadie, no era nada para la gente, que lo miraba con desden, porque lo veían como a un tonto que no sabe lo que se hace.
A él le daba igual y seguía su lento, pero provechoso caminar en medio de un mundo que no tiene corazón ni agallas de luchar por un mundo mejor, más humano y servicial.
Su forma de entender la religión era distinta a la de los demás. Hacía oración por él y por sus hermanos para que Dios se volcase por el mundo, que no le hacía caso. Cada uno iba a lo suyo, a pesar de que se daban cuenta de que las cosas no marchaban bien.
El ser humano es testarudo y cuando piensa en hacer una cosa, la hace a pesar de los pesares. Le importa un bledo las consecuencias. A pesar de ello mira con lástima a su alrededor, sabiéndose culpable de lo que está pasando, pero un mal sentimiento hace que no rectifique.
El chico en cuestión lloraba sin que las lágrimas viniesen a sus ojos, porque la fuente de sus ojos se había secado y además tenía que vivir su vida, de una forma u otra no tenía poder suficiente para poder cambiar el mundo, que seguía su mal caminar errado por la avaricia y los bienes mundanos y el no saber qué hacer.  La única forma que tenía este chico de cambiar esta sociedad corrupta, es dar ejemplo, para que los demás lo imitasen.
Tú que lees estas líneas, pon un poco de tu parte para ayudar a este chico, que se siente incomprendido.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.