lunes, 17 de septiembre de 2018

MI AMIGO CRISTÓBAL


Siempre que me lo encuentro, me saluda, me pregunta que a dónde voy y me dice que si quiero tomar algo. Unas veces se lo acepto y otras no. Esta mañana me ha invitado y le he dicho que la próxima me toca a mí. Él dice que no tiene importancia, pero el dinero a nadie le sobra.
Me lo encontré un buen día en la frutería. Me empezó a hablar, que qué iba a comprar. Yo le contesté que unas cosillas para la casa. Me dice: eso está bien. Hay que llevar comida a casa. Yo también he venido a comprar fruta. Que si esta está mejor de precio, que si aquella está pasada. Así estuvimos un rato hablando, tanto que quedamos por amigos.
Él es 28 años mayor que yo, pero eso no importa, los amigos a cualquier edad. Es muy buena persona. Me ve y me dice: de qué da el día hoy. Yo le contesto: pues de compras y a dar un paseo Cristóbal.
Ojalá hubiese muchos como él. La mayoría van a su apaño y si les saludas, por poco te contestan. Hay personas para todo en este mundo. Por aquí anda mi amigo Paco con una chica, que no es su novia. Siempre que puede, me da un cigarrito. Era íntimo amigo de nuestro querido y ya desaparecido, Antonio. Por aquí nos juntamos un puñado de buenos amigos, están Joaquín y Juan, algunas veces viene Bernardo a tomar una cervecita. También viene, de vez en cuando, mi amiga Bea con su esposo.
Vengo de la asociación y, como siempre, he parado a escribir un artículo y se me ha ocurrido escribir de mi buen Cristóbal y la gente que por aquí anda. Son gente del barrio o los alrededores, que bajan a tomar café o chocolate con churros u otros desayunos o meriendas.
Muchas veces tiene que hablar uno con alguien y no lo encuentra. Aquí estoy sentado yo y ha llegado una  amiga de la Asociación, Pili, con su amiga y el hijo de esta, que se han llegado a merendar. Me ha invitado.
Por aquí siempre hay gente conocida, se toma uno algo y charla con los amigos.
Voy a cerrar este escrito diciendo a toda la gente buena, que siga siendo buena, que su premio tendrá.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

sábado, 15 de septiembre de 2018

CON CORBATA


Es indudable que un hombre, incluso una mujer, está más elegante con corbata. Yo me las he puesto y todos me echaban piropos. A la mujer le gusta que el hombre lleve corbata, es más distinguido.
Ya son pocos los hombres que se la ponen, está un poco pasada de moda. Sin embargo es un aliciente para la persona que la lleva. Se siente guap@.
Hay personas que la tienen que llevar por su trabajo. La mayoría de los hombres son reacios a ponérsela. El estar en una empresa de seguros, de venta de viviendas, de ropa de lujo, hace que sus empleados tengan que llevarla. La mayoría no la llevarían, si no les obligasen.
Yo he trabajado en la EMT y entonces era obligatoria la corbata, en invierno, en verano, tan solo la línea del aeropuerto. A mí me gustaba mi uniforme. Ahora es más feo. Quien no quiere no la lleva.
Los abogados, jueces, los empleados de grandes almacenes, hoteles y algunos servicios públicos, están obligados a llevar corbata. Los deportistas, cuando van de gala, la llevan. Los políticos suelen ir con ella.
Las mujeres suelen llevarla menos. Es, la suya, una forma distinta de vestir. Ellas se ponen pañuelos, mantillas, etc. En invierno claro, en verano van más descotadas, a no ser que su empresa las obligue.
Es de muy buen gusto vestir con corbata, a juego con la camisa. Con zapatos negros y cinturón a juego hace que un hombre vaya bien vestido. Las hay lisas, estampadas, de rayas, de lunaritos y de un amplio abanico de formas y colores, para el gusto de todos.
También existe la pajarita, que es un sustituto de la corbata. Pelado, bien afeitado y con ella puesta hace que un hombre esté de dulce.
Para las celebraciones, bodas, comuniones, bautizos y galas se suele llevar corbata.
Los novios, los hombres suelen llevarla al casarse y luego se la cortan en cachitos y cada invitado que quiera dará una propina, por un trocito de ella. Para tener un recuerdo.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

viernes, 14 de septiembre de 2018

TATUAJES


Están muy de moda, pero a mí no me gustan nada. Son manchas, muchas sin sentido y sin decir nada. Si al menos fueran de bonito colorido, flores o motivos dedicados a una mujer, su nombre o a un hombre, el suyo. Pues no, son de color oscuro y no dicen nada al buen gusto de una persona normal. Yo creo que se los hacen porque se llevan.
En brazos, piernas, espalda se hacen esos dibujos. Para mí lo peor es que son manchas. Si fueran dibujos que representaran algo bonito de este mundo: una flor, un animal, un motivo elegante, un nombre de persona, en definitiva, algo que haga honor a la vida.
Algunos son terroríficos, otros parece que la persona va con pantalón o camisa larga. Por muchas vueltas que se le dé, son de mal gusto, para buen entendedor. Diréis que soy un antiguo y yo digo que sois demasiado modernos. Si fuera un motivo pequeño, algo bonito.
Si fuesen letras bonitas que dijesen algo bueno: amor de madre, te quiero Mari, mi Manolo, pero no una algarabía de manchas que nadie entiende y no se para que sirven. Todavía, si fuera algo sexy, un cantante, tendrían algo de razón, pero no son manchas amontonadas y sin sentido.
El caso es llamar la atención de las demás personas, con su tatuaje horrendo, que la persona que lo lleva se cree que va preciosa y no es ni más ni menos que lo contrario. Están de moda y hay que llevar un tatuaje.
Ojo que con su postura no hacen daño a nadie, pero van llamando la atención, como dirían ellos dando el cante.
No hay razón de ser al mal gusto de tantas personas que los llevan. No se ven desde fuera, sino no se tatuarían. Se ve que les sobra el dinero, porque valen caros.
Con lo bonito que es vestir bien, acompañan a estos horrores prendas extravagantes de color negro, que es el más feo que hay.
Ya podían vestirse bien, elegantemente, moderno, con camisas rameadas y las mujeres con ropas estampadas y de croché.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

jueves, 13 de septiembre de 2018

POBRE DE ÁNIMO


Es la persona que tiene mucha vida interior, pero poco ánimo al enfrentarse a la vida. Es dichoso porque se siente feliz consigo mismo, pero no es muy hablador y no tiene mucha relación con su entorno de familia y amigos.
Vive su vida a su manera, a nadie ofende, pero sufre con las injusticias de este mundo. No está conforme con la forma de proceder de sus conciudadanos y demás.
Puedes hablarle, que él te contestará, te saludará y preguntará por tus cosas. No es ambicioso, es tolerante, amigo de los amigos y de los que no lo son, también. Escribe sus historias, porque no tiene palabras para dialogar, con los que se encuentra en su camino.
Su afán es reunir al mundo en una gran familia, que todos se lleven bien y que no haya odio, envidia, avaricia y malos modos. Que la vida funcione bien, como ha de ser y no como la dibujan los malos con su mal y mundano proceder.
Le gustaría vivir una larga vida orientada siempre al bien del mundo. Que las personas se llevaran bien, cada día más y que no hubiese injusticias, sobre todo, con los pobres de ánimo.
Aunque su final se acercara, el pobre de ánimo, te seguirá sonriendo. Te seguirá alegrando la vida con sus cosas.
Es feliz fumando un cigarrito o bebiendo un descafeinado, escribiendo sus historias, tratando de con ellas unir la vida de todos sus hermanos, que son todos los hombres y mujeres del mundo.
Su vida transcurre lentamente, entre hacer la compra por la mañana, echarse una siesta y por la tarde, ir a pasar lo que escribe a ordenador, con el solo ánimo de que lo que narra, llegue a algún corazón bueno y divulgue el mensaje de paz que quiere, con sus susodichos escritos, llegue a toda persona buena, que son muchas.
Si este faltase, que alguien mejor le sustituya, por el bien de toda la comunidad de los hijos de Dios.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

LA EDUCACIÓN


Una persona educada cae bien en todo sitio. El pedir las cosas por favor, en un comercio, por ejemplo y dar las gracias tras ser servido, tiene mucho que decir de una persona bien educada. En un supermercado, cuando no encontramos algo, vemos a un empleado y le preguntamos: tal o cual artículo, ¿dónde está, por favor? Él no lo indicará amablemente y nosotros le daremos las gracias.
Cuando no conocemos al empleado le decimos: señor o señorita, me puede indicar dónde están las legumbres, por ejemplo. Dicho señor o señorita se sentirá agasajado y dirá para sí: “que hombre o que mujer más bien educada”” Así da gusto”.
Cuando saludamos a una mujer de cierta edad, debemos decirle: buenos días señora y nos contestará con gracia. Eso es agradable para ambos y otra vez será ella la que nos salude a nosotros, si es persona de educación. Si es de mala educación, no la saludes y asunto solucionado.
Debemos ser servidores y no servidos. Ayudar a quien lo necesita, en el momento adecuado. Dar, por ejemplo, para el autobús a quien lo necesita. No fruncir el seño cuando nos piden algo que nosotros, sin gran esfuerzo, podemos dárselo.
No debemos ser escrupulosos ni mal pensados. No nos debe dar asco dar la mano a una persona callejera y no debemos pensar mal de él. Que si está así, por algo será, seguro que es de mala familia, o mil cosas que se nos pueden venir a la mente en un momento dado.
Resulta que hay mucho aprovechado en la vida y por eso no nos fiamos. Hemos de tener la vista clara y la mente fría, así como el corazón caliente, a la hora de tomar una decisión, para que esta sea acertada y justa en los devatares de la vida.
En nuestro trabajo, debemos ser amables, serviciales y correctos. Nos querrán los clientes y también nuestros jefes. No pongamos nuca mala cara a nadie.
Ser correcto y amable no cuesta trabajo y vale mucho.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

martes, 11 de septiembre de 2018

A MIS LECTORES


Mis más sinceras gracias a tod@s los que me leen, ya sea en Facebook, en su correo o de cualquier otra forma. Son mi aliento y mis ganas de seguir escribiendo, cada día sobre asuntos de interés social.
Yo sé que soy un poco pesado, pues os mando artículos, casi diariamente y vosotros todos los días no tendréis ganas de leer mis historias, un poco descabelladas y sobre los asuntos más variopintos, para variar de tema, en esta tertulia que yo os mando a vosotros.
Mi afición por la escritura viene de lejos. Cuando era más joven, escribía canciones y hacía los escritos que me solicitaban. Ya que no puedo conducir coches, conduzco vuestros corazones, si me lo permitís.
Yo no soy muy dialogador. No me salen las palabras, pero con el bolígrafo en la mano, la cosa cambia. Dame un tema y te escribiré una página entera hablando de dicho tema. Mis profesores y médicos, me han puesto a prueba, a ver que salía de mi mollera. El resultado fue bueno.
Tanto unos como otros, se quedaban maravillados, de las cosas que se me venían a ocurrir. Mi vocabulario no es muy amplio, ya que no tengo estudios. Tan solo cursé el 1º del antiguo BUP. Sin embargo, me enrroyo que da gusto, con mis poquitas palabras, hago un relío, de temas que a mucha gente gustan.
De nada valdría mi esfuerzo, si detrás de la pantalla no estuvierais vosotr@s, desmenuzando cada página, que con gusto, os mando.
Mi mayor pena es que tengo que venir al Puerto de la Torre a pasar y enviar mis escritos. Me gustaría que estuviese más cerca. Me canso mucho con tanto viajar, pero no importa. Mientras tenga un@ que siga mis escritos, yo seguiré escribiendo.
Si queréis podéis mandarme a mi correo electrónico, los temas que os interesan, que yo con ganas intentaré de satisfaceros.
Os doy las gracias una vez más por leer mis royos, cosas que pasan por aquí y por allí.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.

lunes, 10 de septiembre de 2018

NUESTROS MAYORES


Les debemos gran respeto y admiración, por habernos criado, tal vez, en condiciones precarias, sin medios, ahorrando un chavo para darnos de comer. Trabajando de sol a sol, para ganar una miseria.
Les hemos de tener cariño, porque con sus vivencias, nos pueden aconsejar, guiarnos en esta vida, que ha cambiado mucho, pero lo esencial no ha cambiado: el cariño, el llevarse bien, los buenos modales y sobre todo el amor por nuestros más allegados.
La vida es un pis pas, que se pasa volando, debemos vivirla de la mejor forma posible, para que, cuando seamos mayores, nos respeten. Igual que nosotros habemos de respetar a esos viejecitos, que con cariño, nos orientan y nos guían por el mejor de los caminos.
60, 70, 80, o 90 años pueden tener nuestros padres o abuelos y nosotros debemos respetarles como si fuesen centenarios, porque ellos han vivido lo que nosotros estamos viviendo ahora y de antemano saben lo que nos va a ocurrir, cuando tomamos una decisión, por eso mismo, porque ellos han vivido las mismas situaciones.
No importa que en sus tiempos no hubiera móviles, ordenadores o coches de última tecnología, la vida fue, es y será la misma, aunque ellos fueran en burro y su colchón fuera de lana de oveja o incluso de paja.
No nos debe importar que, a veces, se pongan chinchosos. Sus huesos han trabajado duro y ahora les duelen y, por tanto, se quejan. De ellos debemos aprender, para que el día de mañana no nos duela todo y seamos unos valdaos como lo son ellos.
Que la luz del sol no se apague en nuestras almas, que brille en todos como una lámpara incandescente y sepamos guiar a nuestros hijos, igual que ellos nos tratan a nosotros y seamos luz del mundo, que buena falta le hace.
Amemos a nuestros mayores, que no tengamos que decir, cuando se vayan, que buenos y dulces eran mis padres.
Que vivan nuestros mayores, que son lo mejor del mundo.
JOSÉ ANTONIO MÉRIDA.